miércoles, 16 de julio de 2008

RELATO


OLVÍDALO, CARLITOS

por Celso Moreno *


El Gordo se puso de pie de un salto y arrojó los naipes sobre la mesa como si fueran las estrellas de acero de un ninja. El dos de oro cayó al pasto húmedo de rocío, pero nadie se molestó en recogerlo. Vignoli, su compañero, ya corría alrededor del parrillero, revoleando la remera que hacía instantes llevaba puesta y gritando guarangadas. Entre aullidos y risas, canturreaba versos que hablaban de la homosexualidad de sus adversarios, de la extraordinaria capacidad de éstos para dilatar el esfínter y de lo buenas que estaban las gambas y las tetas de sus hermanas.
- ¡Nunca más! –Gritaba el Gordo, señalando a uno de los derrotados.
- ¡Nunca más! ¡La historia es nuestra! –Repetía Vignoli dotando a las palabras de
una melodía tan ridícula como pegadiza, mientras seguía dando vueltas olímpicas y ensayaba torpes pasos de baile.
- ¡Nunca más vamos a tener que escuchar los cuentos de tu viaje a Costa Rica, Negro sorete! –Agregó el Gordo, mientras estiraba los brazos abiertos para abrazarse con su compañero.
El Negro Carlitos sentía que una fuerza descomunal lo aplastaba contra la silla. Tenía la mirada fija en los naipes desparramados alrededor de los vasos vacíos y los brazos colgando inertes a ambos lados del asiento. Luego de unos segundos que parecieron interminables, se dejó caer sobre el respaldo, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos con tanta fuerza como le fue posible. Llevó las manos hasta la cabeza y realizó lo que pareció ser un intento por separarla del resto del cuerpo. Lo único que logró fue estirar al máximo la piel del rostro; y que el cabello se le pusiera como si un cuete le hubiera estallado en el medio de la mollera.
Estaba destrozado. Había apostado en una mano de truco el mejor recuerdo de su vida como surfista y había perdido. Nunca más podría volver a pensar en esas mañanas de olas sin viento en la Playa Negra ni en los tubos que había surfeado en Avellanas. Tampoco en los caminos de barro que había recorrido con la 4x4 alquilada para llegar hasta la Roca Bruja, donde una familia de mapaches le había robado dos pastillas de parafina con olor a coco.
Ahora la historia le pertenecía a sus amigos y el Negro Carlitos tendría que escucharla de boca de ellos en futuros asados, fogones y viajes por carretera. Tendría que fumarse que se la contaran a las minas en los bailes y a los niños en los cumpleaños.
Por más que le pesara, el Gordo y Vignoli se la habían ganado en buena ley.


* Celso Moreno es oriental, soltero, de 34 años. Estatura aproximada: 1,50 mts. Peso: 82 kgs. Piel trigueña, cabello negro y ojos marrones. Se dedica a la redacción de relatos de serf desde hace tres meses. El presente es su primer trabajo que conoce la luz pública.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jaja!
Interesante. Seguí practicando